¿Qué haces cuando recibes un halago? Siéntete merecedor. Parte 2

Continuando con el artículo de la semana pasada en el que se habló sobre cómo las metas que te planteas pueden ser motivo de ese sentimiento de desvaloración, hoy vamos con el segundo motivo que puede hacerte sentir no merecedor: las comparaciones.

En el momento en que tu ojo pasa de mirarte a ti a buscar alrededor alguien que lo ha hecho mejor, tu juez interno da con el mazo en la mesa y en un sólo minuto pasas a la cárcel de la auto-crítica negativa.

Una vez dentro de esta cárcel, salir de ahí es un trabajo complejo pero quédate con la idea de que los demás, sus logros, carisma y bienaventuranzas puedes convertirlos en inspiración, no en la demolición de tu Autoestima.

Es más, si cultivas la costumbre de alegrarte por los logros de los demás de forma abierta y honesta, comenzarás a liberarte también de la comparación.

Cuando no te sientes suficiente aprendes a ver el mundo con escasez y es difícil celebrar que los demás brillen.

Piénsalo, compararse en un arma de doble filo; acabar con ello supone: reconocerte como digno y valioso al margen de los resultados que consigas y aprender a elogiar y disfrutar de cómo los demás crecen.

Cuando te diriges a tus objetivos sin presión, desapego de los resultados y pemitiéndote fallar aunque des lo mejor de ti, todo cambia.

Romper este tipo de creencias acabará también con la polaridad Premio-Castigo: si lo haces bien, te premias o te premian y si lo haces mal te castigas o castigan.

Entonces…¿Qué te parece el transformar las comparaciones en fuente de motivación?

La semana que viene veremos cómo la generosidad también se vincula con el sentimiento de merecimiento.

¡Feliz semana!

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